- (2015) Volume 11, Issue 2
Facultad de Ciencias de la Salud, Universidad Tecnológica de Pereira, Pereira, Risaralda, Colombia
Editorial
Durante el año 2014 la región de las Américas experimentó la llegada y rápida expansión de una nueva enfermedad infecciosa, tropical y metaxénica, la fiebre por virus chikungunya (CHIK) [1]. La infección por CHIK, descrita hace más de 50 años, no había afectado previamente al continente y llegó a finales de 2013 a las islas del Caribe, de donde a partir de casos importados, gracias a la presencia de sus vectores, especies de Aedes, principalmente A. aegypti, se empezaron a producir casos autóctonos [2].
El transcurrir del año 2014 mostró la capacidad de CHIK de convertirse en una nueva endemia en los países tropicales del continente, incluyendo transmisión autóctona desde la Florida en Estados Unidos de América hasta Brasil. Los países Centroamericanos y del norte de Sur América, son los que han experimentado la mayor cantidad de casos y mayores tasas de incidencia, en gran relación con la alta endemicidad previa del dengue (DEN) y su vector [1,2], dadas las condiciones ecoepidemiológicas idóneas en la región para ello [3].
Aunque CHIK tiene letalidad y mortalidad menores que las que se observan en DEN, se reportan muertes por CHIK [4] y ello tiene entonces importantes implicaciones dada la gran cantidad de casos que se están presentando. Infortunadamente, a juicio de algunos autores [5] la respuesta en muchos países no ha sido la más idónea y de hecho la investigación en CHIK, luego de más de un año de endemoepidemia, ha sido aún muy poca [6], y requiere urgentemente incrementarse, pues existen muchos aspectos que aún no se conocen en detalle.
Sin aún tener bajo un verdadero control la situación con CHIK, se presenta ahora una amenaza inminente, la llegada de un tercer arbovirus, también transmitido por Aedes, que es el virus Zika (un flavirus) descubierto en 1947, que tiene a los monos por reservorios. Desde el año 2007 se han presentado brotes de Zika en las islas del océano Pacífico, pero particularmente en 2013 y 2014 [7]. Durante 2014 (febrero) el virus Zika se introdujo en la Isla de Pascua, Chile (Figura 1) [2].
Figura 1: Mapa de Sur América, destacando Brasil y sus estados, y los territorios donde se han reportado casos confirmados de Zika (2014-2015).
Actualmente las autoridades de salud pública de Brasil están investigando la transmisión de virus Zika en el nordeste en el país así como en São Paulo (Figura 1). El día 15 de mayo de 2015 el Ministerio de Salud de Brasil y el Instituto Evandro Chagas (laboratorio nacional de referencia) confirmaron 16 casos positivos, 8 en el estado de Bahía y 8 en Río Grande do Norte (Figura 1) [8]. Cuatro días más tarde, el Instituto Adolfo Lutz confirmó por RT-PCR un caso positivo para Zika en São Paulo [9], con lo cual hasta la fecha del presente editorial se han identificado 17 casos confirmados en 3 estados de Brasil (Figura 1), además con la evaluación de casos sospechosos en los mismos estados y en otros estados del país.
Esto representa un riesgo ya inminente de introducción del virus Zika en otros países en la región, especialmente considerando que
Brasil es un país con un gran intercambio poblacional, migración y turismo, entre dicho país y otros de la región, especialmente vecinos, particularmente donde DEN y CHIK, son actualmente de gran importancia, como es el caso de Venezuela y Colombia.
Es por ello muy importante para el personal de salud estar atentos a la epidemiología así como a los aspectos clínicos de la infección por Zika. En los casos sintomáticos, con enfermedad moderada los síntomas se establecen de forma aguda, e incluyen: fiebre, conjuntivitis no purulenta, cefalea, mialgia y artralgia, astenia, exantema maculopapular, edema en miembros inferiores, y, menos frecuentemente, dolor retro-orbitario, anorexia, vómito, diarrea, o dolor abdominal. Los síntomas duran de 4 a 7 días, y son autolimitados. Las complicaciones (neurológicas, autoinmunes) son poco frecuentes, y se han identificado sólo en la epidemia de la Polinesia Francesa [10]. Sin embargo hay que estar atentos ante la posibilidad de que ocurran casos complicados.
Más aún es importante diferenciarlo de DEN y CHIK. Por ello en adición a síntomas comunes entre estas y Zika, la conjuntivitis no se observa comúnmente en CHIK y mucho menos en DEN (Tabla 1), el edema de extremidades no se observa en DEN y CHIK, pero sí en Zika (Tabla 1); entre otras características clínicas que permiten diferenciar (Tabla 1) [11]. Sin embargo, es importante incluir ahora en los algoritmos diagnósticos a Zika, como ha sido propuesto por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en días pasados (Figura 2) [12]. El problema, claro está, es que en muchos países aún no se cuenta ni con las pruebas serológicas ni moleculares para hacer el diagnóstico de laboratorio de la infección por Zika.
Figura 2: Algoritmo para detección de virus Zika (ZIKV) [12].
Debe mencionarse, que a diferencia de otras arbovirosis, existen evidencias de que Zika puede potencialmente transmitirse también sexualmente [13]. Por otra parte, al igual que se ha reportado entre DEN y CHIK [14], podrían reportarse coinfecciones, pero no existen aún publicaciones al respecto en la literatura. Ya en Europa y en Estados Unidos de América se han reportado casos importados [15,16].
Las enfermedades emergentes siguen retándonos y debe por ello incrementarse la capacitación en las mismas, su preparación en el ámbito asistencial, en el campo de la salud pública y en también en su investigación.
Conflictos de Interés
Los autores declaran no tener conflictos de interés con la publicación de este artículo.
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